Con cada potencial estrella que llega a MLB, es inevitable compararla con leyendas del pasado. Incluso, mientras más van avanzando, vemos de reojo algunos récords individuales implantados. Pero hoy, ser un recordman, es casi imposible.
Pasarán los años y hombres como Pete Rose y sus 4256 hits, Rickey Henderson con 1406 bases robadas o Nolan Ryan y sus 5714 ponches, mantendrán sus marcas.
El motivo principal es la longevidad. Si bien es cierto que la carrera de un jugador en Las Mayores se ha mantenido en promedio en 5 años de servicio, cada vez va a ser más utópico ver al jugador “de las mil batallas”.
Hoy en día, las métricas avanzadas no le dan espacio a peloteros con maña, esos que fueron modificando su juego para ser efectivos y superar las 20 campañas de servicio; velocidad del swing, ángulo de salida, fuerza en el golpeo, es lo que mide al beisbolista contemporáneo.
Es por ello, que naturalmente, esas estadísticas, van a disminuir al pisar los 30 años. Así que los grandes directivos, buscan nuevas figuras y van desplazando a los veteranos. ¿Es lo correcto? Quizás no, pero en un negocio que se mueven millones de dólares, la apuesta más viable es esa.
Nolan Ryan lanzó por 27 zafras, ¿ves a algún pitcher actual con la capacidad de replicar esa cifra? La respuesta corta es no. Ni siquiera, un “súper humano” como lo es Shohei Ohtani.
Récords rebuscados
Ante la falta de emociones por superar una marca, los medios de comunicación y la MLB han optado por crear nuevos récords. O bueno, mezclar una serie de factores para que parezca más asombroso.
Cada semana aparece un jugador en convertirse EN EL ÚNICO EN TODA LA HISTORIA en conseguir una rara hazaña. “Tal jugador se convirtió en el primero con dos hits en un juego, robarse una base, anotar una carrera con la pierna izquierda mientras su papá estaba en las gradas viendo el juego con su amante”. ¿Ves la ironía?
Y son cosas que van a seguir pasando. Hay que vender titulares, clips en páginas y hacer programas deportivos. El show no puede parar.
Quizás, esto nos sirva para dimensionar a las figuras del pasado. Que con esto, no quiero decir que ahora no haya buen béisbol o extraordinarios peloteros, pero son tiempos que jamás volverán.
